Refleciones
- Dec 25, 2025
- 2 min read
Un año de mucho crecimiento. Tuve pérdidas, pero también aprendí y crecí mucho. Tuve que empezar de nuevo más de una vez. He aprendido a conocerme más, a tomar responsabilidad por mis acciones, a quererme más y a aceptarme más. A ver cosas de mí que no me gustan y a entender que los otros son un reflejo.
Recibo lo que doy y acepto lo que quiero. Definitivamente, cuando dejamos de ser víctimas, nos convertimos en nuestros propios héroes. He aprendido a mirar al prójimo con compasión, sin juzgar.
También le he dado su espacio a quien entiendo que necesita estar en su propio espacio, sin molestarme ni cuestionar. Entiendo que cada quien está donde está. Entiendo que en este momento,
Y desde antes y por siempre, cada quien da, dará y dio lo que tiene dentro.
Mi vida es mi responsabilidad. Lo que pasó, pasó; lo que es, es; lo que será depende mucho de mí.
He aprendido a escuchar más y hablar menos, aunque algunas veces es difícil; a no tomar las cosas tan personal y a soltar. A autoevaluarme cuando estoy mal y a cambiar, a tener más paciencia.
Muy agradecida por la oportunidad de entender que el crecimiento personal es primordial; todo lo demás no importa.
Me llevo lo que logré entender, lo que le di al otro, cómo afecté, para bien o para mal, la vida del otro. Finalmente, al que está con Dios no le falta nada. Frase simple pero significativa: si estoy llena de amor por la gracia de Dios, no me falta nada.
Abierta a la vida, a las nuevas oportunidades y a que todo obre para bien.

Comments